Intestino Irritable, Síndrome del
Descripción
El síndrome del intestino irritable es una afección gastrointestinal crónica en la que los intestinos no funcionan de manera correcta. Normalmente, las heces se mueven a través de los intestinos y se eliminan del cuerpo gracias a las contracciones musculares rítmicas de los intestinos. Con el síndrome del intestino irritable, las contracciones son irregulares y erráticas, bien sean demasiado fuertes o, por el contrario, demasiado ligeras. Esto tiene como consecuencia una serie de síntomas incómodos, a menudo casos graves, que suelen incluir dolor abdominal, calambres, hinchazón y diarrea o estreñimiento. En muchos casos, el tracto gastrointestinal es sensible a ciertas influencias dietéticas, lo que complica aún más el problema. A diferencia de la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, que son enfermedades inflamatorias intestinales graves, el síndrome del intestino irritable se considera un problema funcional de los intestinos. No existe una prueba específica para diagnosticar el síndrome del intestino irritable. Por lo general, la afección se diagnostica al descartar problemas más graves, como diverticulitis, colitis ulcerosa y cáncer colorrectal, que pueden producir síntomas similares a los del síndrome del intestino irritable. Su diagnóstico también se basa en la duración y la frecuencia de los síntomas, que ocurren al menos tres veces al mes durante al menos seis meses.
Síntomas
Los signos y los síntomas del síndrome del intestino irritable, así como su gravedad, variarán. Normalmente, aparecen después de comer, e incluyen: Calambres abdominales Diarrea o estreñimiento Dolor abdominal Gases Hinchazón Movimientos intestinales dolorosos Mucosidad en las heces Náuseas Pérdida de apetito
Desencadenantes
Aunque se desconoce la causa de esta afección, se sabe que los siguientes factores desencadenan o empeoran los ataques: Ansiedad Bebidas carbonatadas, alcohólicas o con cafeína Edulcorantes artificiales Estrés Intolerancia a la lactosa Sensibilidad a los alimentos (a menudo al gluten) Superpoblación de bacterias
Tratamiento convencional y efectos secundarios
Las modificaciones dietéticas suelen ser la primera recomendación para las personas con síndrome del intestino irritable. Evitar los alimentos desencadenantes y mantener una dieta rica en fibra basada en vegetales y cereales integrales puede ayudar a reducir o a prevenir un brote de síndrome del intestino irritable. Si el problema persiste, se puede prescribir ciertos fármacos. El médico puede recetar un antidiarreico como loperimida (Imodium), que ralentiza el movimiento intestinal, lo que permite más tiempo para la reabsorción de agua de las heces. Este tipo de fármaco no reduce el dolor ni la hinchazón asociados a la diarrea, y puede provocar mareos, sequedad de boca y fatiga. En algunos casos, puede provocar un estreñimiento grave, náuseas y latidos cardíacos irregulares. Para ayudar a prevenir los espasmos intestinales, se pueden recetar fármacos como diciclomina (Bentyl) o hiosciamina (Levsin*), sin, embargo, deben tomarse con precaución ya que pueden dificultar la micción y empeorar el estreñimiento. Para aquelas personas con estreñimiento, un laxante puede ayudar a tratar los síntomas, pero no necesariamente el dolor.
Esta información es educativa y no sustituye el consejo médico profesional. Consulta siempre a un profesional de la salud.